Actores reclusos: ‘El teatro me devolvió la libertad y la familia que había perdido’

Para los presos de una de las cárceles mas duras de la ciudad el representar las obras de Shakespeare y de otros dramaturgos es una forma de expandir sus horizontes, reconectarse con sus familias y deshacerse de los barrotes.

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Es sábado y como miles de personas alrededor del mundo, voy de camino al teatro a ver una matinée. Pero ésta no es una producción de teatro como cualquiera; no habrá helado o copa de vino en el intermedio, tampoco habrá actores famosos en el elenco. La obra que voy a ver se presenta dentro de una penitenciaría masculina de alta seguridad en el extenso y deteriorado Iztapalapa, en la Ciudad de México.

Santa Martha Acatitla, es una de las siete prisiones en la ciudad, alberga alrededor de 3,000 internos cuyos crímenes van desde homicidios, violaciones, secuestros y asaltos a mano armada . Cada sábado, los aproximadamente 20 miembros de la Compañía de Teatro Penitenciaria de Santa Martha Acatitla – cada uno cumpliendo sentencias de entre 20 a 87 años – presentan una de sus tres obras en repertorio para un público de paga. Hoy es el turno de “El Mago Dioz” una versión libre de “El Mago de Oz” – con referencias a los 43 estudiantes desaparecidos en 2014, y al “Chapo” Guzmán, narcotraficante y dos veces prófugo de la prisión.

Antes de trasladarnos a la penitenciaría, Javier Cruz recibe al público de hoy en el Foro Shakespeare, un teatro independiente que ha llevado este proyecto por siete años. Cruz cumplió parte de sus 16 años de sentencia en Santa Martha, y ha sido miembro de la compañía desde su comienzo. Ahora en libertad, él trabaja en su equipo de impacto social, creando programas que utilizan el teatro como una herramienta para promover y facilitar la reinserción social.

Los sábados también son los días de visita en la prisión, y en la puerta encontramos filas de madres, esposas e hijos cargando bolsas de comida, cambios de ropa y cobijas, esperando ser admitidos. Nos toman una foto a cada uno de los 16 miembros del público e intercambian nuestras identificaciones por gafetes naranja fluorescente; en fila india, seguimos a un guardia armado a través de las áreas recreativas de la prisión, llenas de internos, hasta el pasillo de entrada del oscurecido auditorio. Familiares de los actores y técnicos, desde niños pequeños a abuelos, más algunos internos, se nos unen para ver la obra.

Una vez que todos nos acomodamos, el guardia sale. Y en tan solo un par de minutos, los tres hombres a mi lado, brincan de sus asientos – ellos también están en el acto – hombres en pasamontañas empujan nuestras butacas sobre ruedas hacia el ojo del tornado.

Durante una hora Doroteo, Toto, el Hombre de Hojalata (un abogado), el León Cobarde (un miembro de la policía federal) y el Espantapájaros (un actor en busca de su golpe de suerte y un cerebro) nos llevan a través del familiar camino amarillo. Los miembros de la Compañía cosido todo el vestuario, construido y pintado los sets giratorios, otros reclusos (que no forman parte de la compañía) operan las luces, y una banda en vivo acompaña la acción.

La actriz Itari Marta, directora artística del Foro Shakespeare, creó este proyecto después de que algunos internos la invitaran a darles talleres de actuación (ellos habían escuchado que ella había estado trabajando en la penitenciaría femenil al lado). La compañía ahora tiene tres obras en su repertorio: Cabaret Pánico, basada en el trabajo del autor Chileno Alejandro Jodorowsky, Ricardo III Version 3.0 basada en Shakespeare, y ahora El Mago Dioz. Cada obra con un objetivo específico.

“Primero con Cabaret Pánico investigamos lo individual, reflexionamos sobre nosotros mismos, nos preguntamos ¿Quiénes somos y dónde estamos?” explica Itari. “Luego con Ricardo III, revisamos nuestras acciones: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuáles son nuestras motivaciones de lo que hemos hecho o seguimos haciendo? Ahora con El Mago Dioz nos preguntamos sobre nuestro lugar en la sociedad, las presiones de la sociedad sobre nosotros y decisiones que tomamos dentro de ésta.”

Con una de las tasas más altas de encarcelamiento en America Latina, 220 de los 420 centros penales en México se encuentran sobrepoblados. La capacidad de las prisiones de la Ciudad de México se encuentra rebasada al 184.7%, con uno de los mayores números de internos per capita de 466 por cada 100,000 habitantes.

Varios factores han hecho que las tasas de encarcelamiento aumenten. El código penal Mexicano requiere que el 96% de crímenes terminen en sentencias de prisión; detenciones previas a juicio suman el 41.3% de la población total encarcelada; un aumento en el crimen organizado y la violencia relacionada con el narcotráfico han también marcado el aumento de estas cifras. En la Ciudad de México, el 35.2% de los arrestos son de delincuentes reincidentes – la proporción más alta del país.

Las autoridades Mexicanas han tomado el número de arrestos, detenciones y encarcelamientos como medida de la eficacia del sistema, pero Cruz describe las consecuencias de esta sobre población: “He visto en algunas correccionales 40 jóvenes en celdas de cinco por tres, donde tienen que amarrarse de las paredes con cobijas para poder dormir porque no hay espacio en el suelo.”

“En prisión hay una falta crónica de recursos,” dice Marta. “Cosas que los internos necesitan – como sábanas,cobijas, ropa y zapatos – deberían de ser provistas por la institución, pero no lo son. Tienes que pagar por todo en la cárcel, pero muy pocos tienen el dinero. Por esa razón no existe la rehabilitación realmente: si estás en la cárcel y sostienes a una familia, tienes que ganar dinero mientras estás dentro, y muchos optan por el crimen organizado, porque tienen que proveer para su familia o pagar por lo que necesitan.”

“Si quieres ver a México a través de un microscopio, ve sus cárceles. Ahí vas a entender lo que esta pasando afuera de ellas.”

José Carlos Balaguér, coordinador de los proyectos de impacto social del Foro Shakespeare, explica , “Todo el dinero que entra de la taquilla es utilizado para los salarios de los miembros de la compañía dentro de la penitenciaría y los que están afuera gestionando. Esto significa que no tienen que recurrir al crimen para poder sostenerse, o incluso sobrevivir. También pueden reducir sus sentencias; este proyecto cuenta como horas laborales, de educación y servicio social.”

Marta y su equipo esperan un compromiso total de los que se unen a la compañía. Los actores ensayan tres veces a las seman , además de la función los sábados, “No estamos haciendo trabajo de caridad,” dice Balaguér. “Entramos esperando su compromiso total al proyecto, y exigimos disciplina.”

“No fue fácil aceptar reeducarme. En ese entonces lo único en lo que pensaba era drogarme, trabajaba para drogarme,” recuerda Cruz, “Me acuerdo al principio de Itari con once cabrones hasta la madre. Yo fumando marihuana en la esquina, uno con la mona y otro bien chocho. Era un desmadre. Pero no se fue después de un par de meses como los otros, y después de un tiempo nos dimos cuenta que ella iba en serio: entonces tuvimos que limpiar nuestro acto para continuar.”

“Me preguntaron cuando terminaría (el proyecto), quién me estaba pagando para que yo fuera, cuándo dejaría de ir,” dice Marta. “Pero yo les prometí que trabajaría con ellos, y así lo haré. Tienen mi palabra, y la promesa del Foro Shakespeare.”

Ella describe los primeros encuentros de los prisioneros-actores con el público. “La dignidad huele muy bien. Sus esposas e hijos los vieron llenos de respeto por ellos mismos y fue muy conmovedor. Ellos tienen un deseo de dignidad que el público y el teatro mismo les da – pero a cambio esperamos disciplina absoluta y rigor.”

“Una de las cosas que los actores más valoran es la sesión de preguntas y respuestas al final de cada función, porque tienen la oportunidad de hablar con mucha gente que está fuera y que ha venido especialmente a ver su trabajo,” dice Balaguer. “También vemos un cambio enorme en el público: salen del Foro hacia la Peni inseguros, incluso asustados, pero al final de la función están conmovidos, ocurrió una conexión y han trabajado con sus prejuicios.”

“Hasta ahora más de 1,300 personas han ido a ver las obras dentro de la penitenciaría, hemos creado 20 puestos de trabajo para los internos. Cinco de los ocho miembros que han salido de la prisión ahora trabajan con nosotros en el nuevo centro cultural, El 77, donde están creando proyectos similares para jóvenes en reclusorios o correccionales.”

Foro Shakespeare a creado una compañía dentro y fuera de la penitenciaría. “Yo salí libre el miércoles, y el juevesestaba en la puerta del Foro listo para trabajar y seguir aprendiendo,” dice Cruz. “El Foro ha sido como un puente para nosotros – muchos de los internos, saben que existe la opción de un futuro positivo cuando salgan.”

“El teatro te regresa lo que tú le ofreces,” añade él. “En mi caso me ha dado mi libertad, mi pareja, un trabajo y la familia que había perdido.”

Balaguer necesita $50,000 pesos ($3,000) al año para sostener la compañía, pero no ha sido fácil encontrar los fondos. Él espera expandir este proyecto y llevarlo a otras prisiones, sin embargo “México tiene la capacidad y la infraestructura para que esto se convierta en una política pública en todo el país,” el dice. “He trabajado en prisiones en otros lugares como en Argelia, donde esa infraestructura no existe – pero en México hay un Instituto Social para la Reinserción. Necesitan financiar este tipo de proyectos, pero no hay interés por realmente hacerlo.”

De regreso en el auditorio, en su emotivo monólogo final, Doroteo rechaza las ofertas del “Mago” de una mansión y un auto de lujo lleno de dinero, y confiesa su deseo franco de regresar a casa a su familia con su madre y sus dos hijos.

Una vez que los aplausos terminan, lágrimas corren cuando el actor abraza a su madre y uno de sus hijos, a quien no ha visto en mucho tiempo. Como si hablara por todos, el actor e interno César David explica, “En esta compañía hemos llorado mucho. Somos verdaderos hombres – y aquí nos sentimos seguros de mostrar nuestros sentimientos. Lloramos como niños.”

Camilla Brett es asesora en arte y cultura. Dirige y produce teatro; recientemente fundó Próspero Teatro México. Translation by Jerónimo Best

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Fuente: the guardian

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