¿Es posible una comuna de comunas teatrales?

Rubén Ortiz

Convocatorias van y convocatorias vienen. Y el malestar se ventila cada vez con más ahínco, pero quedan un montón de dudas, de malentendidos, de objeciones. Los ciudadanos estamos inconformes, pero ¿y los funcionarios que salen de nuestras filas? ¿Llegan y se olvidan? ¿Qué pueden? ¿Qué no? ¿Qué comunican y qué se callan?

Y se hace cada vez más evidente que las viejas formas que abrían una brecha entre las instituciones y los ciudadanos no pueden traer sino mayor precarización de los trabajadores y mayor simulación de los funcionarios.

Por tanto, ¿sería pensable una hoja de ruta para el teatro, es decir, una serie de puntos de urgencia a los que una supuesta comunidad podría dar seguimiento? ¿Una hoja de ruta a tratar con las instituciones culturales, amén de otra de la misma comunidad? ¿Una hoja de ruta pensada así, como política en el sentido más básico de la palabra: de acceder a la posibilidad de modificar el estado de las cosas por el beneficio común. Sin líderes ni caudillos y bajo dinámicas horizontales e incluyentes.

Una hoja de ruta que articule las inquietudes locales con las nacionales. Una hoja de ruta que, acaso, diera lugar a una agenda de trabajo con posibilidad de toma de decisiones vinculantes y no sólo buenas intenciones.

¿Es posible algo así como una comuna de comunas teatrales o un verdadero congreso que ponga en diálogo las diferencias, las necesidades, las iniciativas y que realmente se observe en el devenir cotidiano?

No lo sé, por lo pronto, aquí se me ocurren una serie de preguntas, inquietudes y faltantes con los cuales iniciar:

De las instituciones:

  1. Un censo de las y los trabajadores de la escena teatral.
  2. Un manual que reporte cuáles son los objetivos de cada institución que media entre el que hacer artístico y la población.
  3. Una cartografía que dé cuenta: con qué recursos cuenta cada institución. Recursos económicos, humanos, de infraestructura.
  4. Un reporte de cada funcionario que nos informe con qué limitaciones –presupuestales, políticas, de diseño institucional, de reglamentación, de infraestructura- se enfrenta en este momento cada institución
  5. Una gráfica acerca de cuáles son sus estructuras de funcionamiento y cuáles sus reglamentos de funcionamiento.
  6. Un informe acerca de qué sistemas implementan de diálogo con la comunidad.
  7. Una propuesta acerca de cómo implementar un sistema de comunicación efectivo y constante entre la comunidad y las instituciones.
  8. Una propuesta de contratos justos con sanciones por retraso de pagos.

De la comunidad:

  1. Un censo de trabajadores de la escena.
  2. Un análisis acerca de qué formas de organización le permitirían mapear las inquietudes y forjar iniciativas
  3. Una propuesta acerca de qué sistemas de diálogo puede implementar la comunidad hacia las instituciones
  4. Una propuesta de algo así como un Observatorio ciudadano de políticas institucionales.

Los ciudadanos necesitamos (deberíamos exigir) saber con qué contamos, qué recursos están puestos a nuestro servicio y si éstos se usan de la mejor manera posible y a qué nivel se encuentran las dificultades. Tendríamos que ser capaces de incidir en el diseño de las políticas que nos involucran a sus diferentes escalas: municipales, estatales y federales.

Pero este conocimiento sólo puede ser convertido en acción efectiva si existe una voluntad por señalar y potenciar el bien común. Es decir, si la ciudadanía es capaz de exponer sus identidades y diferencias de manera inteligente, si aprende a negociar y si tiene un diagnóstico sólido acerca del estado de las cosas.

Vamos a ver si dejemos que las cosas se sigan descomponiendo bajo la ley de la selva, la ganancia y los pequeños grupos o tomamos al toro de nuestro presente por los cuernos.

Fuente: Teatro mexicano

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