La deformación con el pretexto de lo teatral

Hemos decidido escribir sobre las escuelas Gaslight porque fuimos directamente afectadas y no queremos vivir bajo la sombra de un abuso que no sale a la luz. No tenemos una inclinación al encubrimiento por intimidación social, la mentira o el sometimiento.

Por: Yadira Pascault Orozco y Silvia Sáez Delfín

People say we’ve got to have anger to create…

You know, to create you’ve got to know about anger,

you’ve got to have energy, to have clarity, to be able

to catch ideas and be strong enough to fight unbelievable

pressure and stress and the whole thing in this world”.

David Lynch

En referencia a la obra de teatro Gaslight (1938) del escritor británico Patrick Hamilton, se conoce el término “hacer luz de gas” o gaslighting a una forma de abuso psicológico que consiste en presentar información falsa para hacer dudar a la víctima de su memoria, de su percepción o de su cordura.

El psiquiatra Theodore Dorpat explica que para conseguir esto se convence al afectado de que sus pensamientos están equivocados y que su apreciación de la realidad es incorrecta, con lo cual de forma gradual, siente que ya no puede confiar en su propia comprensión y se basa exclusivamente en la del agresor.

Esta situación es la que lamentablemente se les ha presentado a muchos alumnos con aspiraciones de convertirse en actores y actrices durante su formación educativa en nuestro país.

Hemos decidido escribir porque fuimos directamente afectadas y no queremos vivir bajo la sombra de un abuso que no sale a la luz. No tenemos una inclinación al encubrimiento por intimidación social, la mentira o el sometimiento.

Si a alguien le incomoda el saco confeccionado con nuestras palabras, es porque lo trae bien puesto. Si alguien tiene oídos sordos, es tal vez porque el sistema Gaslight le cae como anillo al dedo.

En gran parte del medio teatral, no se ve con muy buenos ojos la denuncia ya que existe el riesgo de expulsión y/o desprestigio.  El silencio es lo que ha permitido a los abusadores perpetuarse en un sistema que los protege bajo un manto de institucionalidad y dentro de una especie de fulgor de bien superior, que se forma con los estandartes del arte y la cultura, como si se tratara de bienes inconcebibles para el humano promedio y al cual sólo pueden tener acceso algunos elegidos. Tal vez algunos aspirantes encuentran dentro de este sistema algo que los enaltece y embriaga por la cercanía con la “Tierra Prometida” a través de sus guías y permanecen ahí, pero muchos otros, viviendo su propia humanidad en un proceso que pensaban sólo sería el de una formación profesional encontraron la puerta directa hacia una pesadilla, hacia el darse cuenta del engaño cuando ya era demasiado tarde.

A pesar de tremendos daños colaterales los orquestadores de los mismos consiguen compañías teatrales, presupuestos gubernamentales, soldados-actores para su repertorio, “prestigio” a los ojos de sus colegas, una marca en el historial de la cultura en México, entre otras cosas.

Parece contradictorio que esto suceda en el ámbito de formación artística y cultural pero si lo pensamos bien es el mejor lugar para armar circos de confusión ya que nadie se lo imaginaría. Los líderes tienen cierto halo de “humanistas” porque el arte está directamente relacionado con el alma humana, pero no todos respetan al ser humano, ni les interesa saber qué clase de individuos pasan por sus salas de formación.

Nuestro caso específico está relacionado con La Casa del Teatro, una institución avalada por la SEP, lo cual nos hace preguntarnos si esta secretaría conoce sobre lo que nos ocupa en este artículo.

En ese lugar, se han cometido carnicerías del alma humana a través de la imposición de actividades físicas extenuantes, manipulaciones psicológicas, gaslighting y comentarios intrusivos dentro de una comunidad conformada por jóvenes con un sueño: el de ser actores o actrices. Ese sueño regala mucha energía y buena voluntad que es mal usada, es abusada.

Se realiza un “entrenamiento” de desestructuración yoica del estudiante para según ellos inducirle una forma diferente de expresión. El problema de esta “gran técnica” de desestructuración es que no contiene ni cierra el proceso del sujeto. No tienen conocimiento de técnicas psicológicas de reestructuración yoica del individuo.

En psicología, las técnicas de disolución son manejadas por profesionales con una carrera clínica de psicología profunda y las aplican en casos muy específicos, por lo que hacerlo de otra manera es sumamente irresponsable, alevoso y está considerado clínicamente como abuso psicológico.

A continuación, reunimos algunos testimonios en los que las situaciones de gaslighting, abuso y violencia se mantienen de forma medular a través de los años.

Testimonio de Yadira

En mi caso fue difícil darme cuenta del abuso porque aparentemente yo no  fui maltratada con palabras o segregación, ni fui expulsada, al contrario, me parecía que me trataban bien y hasta tenía algunas concesiones que mis otros compañeros no tenían, como era el salir a trabajar y grabar un programa de televisión entre semana. Yo estaba comprometida con lo que pensaba era mi formación artística profesional y daba lo mejor de mí, me parecía pesado pero tenía la idea de que la satisfacción de lo que aprendería lo haría valer la pena, de que lo vería reflejado en mi desempeño (como sucedía en la universidad que estudié antes de entrar a este lugar, el ITAM, donde cierto rigor académico te llevaba a la excelencia en la formación) pero estaba equivocada, en este caso, en la Casa del Teatro, era muy diferente, nos estaban llevando a la deformación interna y social. No tengo palabras para describirlo, sólo puedo decir que ahí conocí lo que es el horror, el real, cuando se instala dentro de ti mismo  y no sabes cómo llegó, porque no te imaginas algo así siendo una persona que vivía sintiendo bienestar ¿Cómo sucedió el gaslighting?

Como parte de la misma escuela nos fuimos al experimento teatral, organizado por Luis de Tavira, que tuvo lugar en San Cayetano, Estado de México, alrededor del año 2000. En sus inicios, el objetivo era no tener las distracciones que implica la ciudad en nuestros procesos “formativos”. Estuve ahí un año completo. Exactamente son esas las circunstancias perfectas para que se metan con tu intimidad y tu subconsciente durante las 24 horas del día, para que saturen tu sistema físico, mental y emocional. Puedo mencionar dinámicas innumerables impuestas, como tener las tres comidas en silencio; con el director leyéndote algo; guardar silencio absoluto después de la cena para pensar en los puntos asignados para “meditar”, clases hasta la madrugada para después levantarse a correr a las 7 de la mañana y luego limpiar,  meditaciones de sueño interrumpido a las 3 de la mañana para proceder a algún “ritual” teatral,  trabajo duro para acondicionar el lugar -desde hacer un jardín, limpiar un espacio con polvo de 30 años,  hasta un colado de techo-, además de las clases; y ¡todo incluido en la misma colegiatura!

Se reiteraba de manera constante y enfática que el estar ahí tenía que ser una decisión de “vida o muerte”. Se fomentaba la vivencia del dolor como lo que hacía válida la experiencia humana y artística, cuestionando cualquier fuente de bienestar o estructura de personalidad que pudieras haber tenido antes de estar ahí. Gaslighting 100%. Se fomentaban confrontaciones internas personales con respecto al exterior a través de cuestionar cualquier creencia o marco ideológico del que pudieras provenir. También se urdían confrontaciones entre compañeros de clases exaltando a un alumno y sobajando a otro a través de comparaciones menospreciantes. Se reiteraba constantemente la intención de formar “personas de verdad”.

Dar el 150% como lo pedían todo el tiempo fue un error ya que las dinámicas y la saturación hicieron su efecto. Finalmente, después de un año, tuve que salir un día de emergencia porque ya no pude conciliar el sueño, tenía un dolor sordo en todo el cuerpo, y no podía comer. A partir de ahí estuve 70 días, durmiendo sólo 2 horas diarias y sin que la comida me entrara, tenía miedos ilógicos y llanto (como le pasó a varios de mis compañeros). Tuve que acudir a un médico para que me diera pastillas durante 15 días y así poder volver a dormir -desde entonces he tenido algunos problemas de insomnio- y dejé las pastillas, pero así empezó un largo viaje de terapias y actividades para recuperarme ¿Y había alguien de esa “escuela” responsabilizándose de lo que me pasó? La respuesta es: NO.

Es una aberración disfrazada de formación artística. No me he arrepentido de haber hecho nada en mi vida, excepto de haber estado en ese lugar.

Dada la severidad de la crisis en la que me encontraba era difícil pedir ayuda específica o denunciar públicamente, apenas podía armar el rompecabezas de lo que me pasaba. Varios de mis compañeros lloraban durante todo el día al salir de ahí, sin entender por qué, sintiéndose desubicados, y otros tantos dejaron de actuar.

Muchos de los que han estado ahí, saben lo que pasa pero no se atreven a tener una postura. En su momento, hubo un daño indescriptible en mi persona. Ese entrenamiento es una herramienta para el asesinato del espíritu humano y los sueños… ¿y qué son la vida y el arte sin eso?

Cualquier  enseñanza que pudiera haber sido valiosa se diluía dentro de este sistema dañino. Es importante que nadie se sienta intimidado al mencionar estos abusos, así se trate de un ex-director de la Compañía Nacional de Teatro y adjuntos. Ninguna obra de teatro es más valiosa que un ser humano.

Como nota agrego que con todo esto al ver en algún espacio dedicado a la cultura frases formuladas con la pretensión de ser célebres del tipo:  “Seguimos celebrando la reunión humanizadora del teatro rodeados de barbarie. Hacer teatro hoy también nos conmina a hablar  de la crisis de conciencia de nuestro tiempo ante la catástrofe ecológica y el sufrimiento de las mayorías”.  L. de T. ; me parece el colmo del cinismo y que no hay palabras para describir lo que esto significa al provenir de uno de los principales orquestadores de este daño humano. Es una muestra más de la demagogia que invade casi todos los ámbitos en nuestro país. Ojalá que el arte y la cultura puedan desprenderse de este velo dañino de ignorancia, o de no querer ver.

Finalizo comentando que después de un tiempo, mi formación continuó con otros maestros y en otras Instituciones, en México y en el extranjero, lo cual me dio más claridad sobre lo sucedido. Afortunadamente ahora estoy muy bien pero puedo decir que no gracias a esa experiencia.

Testimonio de Silvia

En 2016, se publicó una carta escrita por mí en redes sociales y un artículo de mi padre donde denunciábamos una serie de eventos que experimenté en la Casa del Teatro.

En esta escuela, desde las primeras evaluaciones, los maestros tienen un conocimiento de tu situación socioeconómica, tu entorno familiar y mucha información personal que generalmente sólo es compartida con profesionales terapéuticos. Entre otras cosas, mencioné que hace ya varios años llevo un tratamiento con medicamentos para regular mis neurotransmisores y que he podido realizar todas mis actividades sin dificultad alguna.

Un año después de haber ingresado, me reunieron con tres maestros para informarme que debido a mi “padecimiento” no podía seguir mi formación en ese lugar. Salí desconcertada y horas después, caí en la cuenta del acto discriminatorio y del abuso económico del que había sido parte: no me permitieron seguir estudiando la carrera usando como motivo una condición de la que tuvieron conocimiento desde el principio y me hicieron invertir una suma de aproximadamente ochenta mil pesos por el ciclo de primer año de la carrera.

Hubo otras situaciones relacionadas con la formación en las que no pude estar de acuerdo. A pesar de las lesiones físicas que presentaron constantemente mis compañeros, las dinámicas de ejercicio exigían llevarte a un extremo del que podías lesionarte sin tener una adecuada recuperación por las mismas exigencias del “método” en la que tu cuerpo debía ser expuesto al concepto irresponsablemente planteado de “transgresión”.

Había cambios imprevistos en la estructura interna de la escuela sin ninguna posibilidad de diálogo. A mitad de año nos reunieron para avisarnos que los dos últimos años de la carrera serían fuera de la ciudad, siendo que el acuerdo inicial había sido cursar los cuatro años en la escuela de la Ciudad de México.

Considero también muestras indudables de gaslighting que desde la primera evaluación algunos de los maestros hacían suposiciones y adjetivizaciones peyorativas hacia el estudiante. En una de ellas, una maestra me dijo que le daba la impresión de que yo era una soberbia y que me creía superior por tener otra carrera. Ella misma usaba expresiones del tipo “no te hagas güey” cuando no obtenía la respuesta que quería. El lenguaje de algunos profesores durante los ejercicios de actuación es de frases tales como “déjate de mamar”, “déjate de pendejadas” y “no seas pendejo”. Se cuestionaba a las personas por sus preferencias sexuales (a un alumno se le preguntó en una de las evaluaciones si no le causaba conflicto ser “prieto y gay”), por su cuerpo o por sus posibles trastornos alimenticios (una maestra le inquirió a una alumna durante una evaluación si es que era bulímica).

Otras voces mostrando sus historias 

“… la maestra varias veces me llamó ‘“pendeja’” y…otros maestros me dijeron que ‘mis problemas emocionales personales no me dejaban avanzar en mi proceso’. Sí, pasaba por un momento personal difícil, pero también es cierto que ellos se encargaron de que yo sacara eso y no supieron cómo llevarlo”.

Exalumna de Casa del Teatro

“…hace más de quince años, cuando estaba situada en el Monasterio de San Cayetano. Mi experiencia ahí estuvo marcada por el profesor de interpretación. Su maltrato no era dirigido a todos sus alumnos, sólo a algunos, en especial a mí. Recuerdo… sus referencias a mi peso ‘porque a una actriz gorda no la quiere nadie’. Muchas veces me dijo ‘no vales para actriz’ y lo que es aun peor me llamaba ‘inútil’…”.

Exalumna de Casa del Teatro 

“…un docente se expresó de mí como: ‘“ese alumno que tiene cuerpo de señora’” ¿Acaso la burla es parte de la formación actoral? … lo que me dolió fue darme cuenta que uno le otorgaba su vulnerabilidad física y emocional a alguien que se mofaría de tal forma”.

Exalumno de Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) 

…Tuve que pasar 10 años en tratamiento psicológico debido a la depresión profunda en la que me encontraba causada por el constante maltrato y abuso que recibí dentro de la carrera, cuando hablaba de ello con mis compañeros, decían que así es el medio y yo estaba loca. Una maestra nos ponía a competir, dividió el grupo en dos: los torpes y los que sí tenían talento. Otra profesora le dijo abiertamente a un alumno que si quería una calificación debía acostarse con ella. Un profesor le tocaba los genitales para ‘”acomodarte en la postura’” y otro más nos ‘”bautizaba’” con nombres como ‘cajita de defectos’, ‘pendejo’, ‘mierda’, ‘gangosa’, ‘el que siempre la caga’”.

Exalumna de Literatura Dramática y Teatro, UNAM 

Esta escuela aún vive bajo la falsa idea de que violentando al alumno éste tendrá las emociones a flor de piel y podrá ser un mejor actor.  Cantidad de métodos actuales con base científica prueban lo contrario, muy alejados de las técnicas de intimidación, o de la liberación emocional alcanzadas por medio del agotamiento físico y mental”.

Exalumna de Casa del Teatro 

“… La maestra me dijo que sólo había mencionado frente a mis compañeros que me expulsaría para detonar en mí las emociones que quería ver en el personaje, pero que eso no iba a suceder.  Sin embargo, una semana después de terminadas las funciones, ella misma me dio de baja en mi evaluación”.

Exalumno de Casa del Teatro

¿Y qué hacer con el abuso y el gasligthting? 

Alzamos la voz y transmitimos nuestra experiencia para que no se dañe a nadie más.

Es un regalo para cualquier aspirante a desarrollarse en la creación, en el teatro y en cualquier expresión artística para que pueda detectar, de manera sincera, cualquier señal de peligro o abuso y ponerle palabras para no permitirla. Creando así una red que comience a sanar nuestro entorno en el caso de que las autoridades no se hagan cargo y los gremios y compadrazgos teatrales continúen replicándose en su propia prisión.

Esperamos que este reconocimiento evite que haya manos impunes tratando de manipular la Luz de Gas y que los fuegos de los lugares más recónditos de los artistas puedan aprovecharse para construir una fuente de bienestar y lucidez.

Yadira Pascault Orozco es actriz y conductora de TV. Su formación actoral incluye la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq, Paris y The Lee Strasberg Institute, Los Angeles. Es egresada del ITAM en Relaciones Internacionales y de la UCLA en escritura de guión cinematográfico. También es productora asociada en 10 películas de cine mexicano. Silvia Sáez Delfín (1988) es licenciada en Lengua y Literaturas Modernas (Letras Inglesas) por la UNAM y bailarina profesional de tango. Tiene estudios en danza irlandesa, ballet, actuación y escritura creativa. Se ha desempeñado como traductora, docente de lengua inglesa, gestora cultural y bailarina.

Fuente: Animal Político

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